“Había un incendio en un gran bosque de bambú, el incendio formaba llamaradas impresionantes, de una altura extraordinaria; y una pequeña ave, muy pequeñita, fue al río, mojó sus alas y regresó sobre el incendio. Empezó a agitar sus alas para apagarlo; y volvía a regresar, y volvía a ir una y otra vez. Los dioses que la observaban, sorprendidos, la mandaron a llamar y le dijeron: -Oye, ¿Por qué estás haciendo eso? ¿Cómo es posible? ¿Cómo crees que con esas gotitas de agua puedas tú apagar un incendio de tales dimensiones?

-Date cuenta: no lo vas a lograr. Y el ave humildemente contestó: “El bosque me ha dado tanto, le amo tanto, yo nací en él, este bosque me ha enseñado la naturaleza. Este bosque me ha dado todo mi ser. Este bosque es mi origen y mi hogar y me voy a morir lanzando gotitas de amor, aunque no lo pueda apagar. “Lo dioses entendieron lo que hacía la pequeña ave y le ayudaron a apagar el incendio”.

Cada gotita de agua apacigua un incendio. Cada acción que con amor y entusiasmo emprendemos, un mejor mañana será su reflejo. No subestime las gotitas, porque millones de ellas forman un océano. Todo acto que con amor realizamos, regresa a nosotros multiplicado.

¿Podremos cada uno de nosotros ser gotitas de amor para este mundo encendido? Sé que muchas veces el desánimo es grande y escuchamos “para que luchas, si todo va a seguir igual”. Pero como cantan los Supay porqué caerse y entregar las alas, porqué rendirse y manotear las ruinas, es el dolor que al fin nos iguala y la esperanza que nos ilumina. Abrí los ojos y trágate el cielo, sentirte fuerte y empuja hacia arriba. Tengamos esperanza, podemos tener un mundo mejor y si cada uno ponemos nuestra gota de amor conseguiremos formar un océano.

Recordamos siempre las palabras de la madre Teresa de Calcuta: “a veces creemos que lo que hemos logrado es sólo una gota en el océano, pero sin ella, el océano estaría incompleto”.

Y nosotros tenemos una gran ayuda, como predicó Héctor Diomede: “pongamos los ojos en Jesús, no nos cansemos ni nos desanimemos, sigamos sembrando el amor, puestos los ojos en Jesús de donde vendrá nuestro socorro.”

Ines Petersen de Sarli