Casi a diario nos llegan noticias sobre el abuso y el maltrato de nuestros pibes. Sí, nuestros pibes, niños y niñas muchas veces por cercanía familiar o simplemente porque forman parte de nuestro entorno (nuestros vecinitos, los sobrinos de una amiga, los nietos de menganita…). En realidad no me refiero a “nuestros” como expresión de una posesión, sino de aquellos que por suerte viven y crecen en medio nuestro y nos alegran con su ternura, su alegría y por qué no decir con sus travesuras…

Pero parece que a veces las palabras vienen cargadas de otras intenciones porque son las personas quienes la cargan de complejas motivaciones que lejos están de beneficiar y estimar a los “bajitos”. Para estos personajes deplorables la palabra “nuestro/a” tiene un contenido en su subjetividad que evidencia pertenencia, propiedad… A partir de esta imagen pueden pasar a justificar el autoritarismo en vez de realizar un ejercicio de autoridad paternal…; de la guía en la educación, al sojuzgar y someter,  expresiones dichas y no dichas como “yo sé cómo educo a mi hija/o” y otras que se meten tan adentro de lo cotidiano que a veces ni llegamos a percibirlas.

Cómo encontrar caminos para que como sociedad podamos bien tratar a los chicos, darles el lugar que tienen como personas, como creación de Dios, y que sea desde sus hogares donde se empiece a darles ese lugar.

El Buen Trato es algo que se siente y no necesariamente algo que se pone en palabras. Son formas de relación que generan satisfacción y felicidad y que ayudan a crecer y desarrollar sobre todo a los niños/as y adolescentes como personas de bien.

Una familia puede soportar cantidad de presiones, pero siempre se puede encontrar una salida cuando se puede reconocer que algo no se está haciendo bien. El buen trato muchas veces lo recibimos por herencia, pero también es algo que se puede aprender e incorporar, si es que no lo hemos recibido. El primero que nos trata dignamente es Dios, nos trata como a hijos por su gran amor, y es así como podemos dar amor a otros y mucho más a los chicos de una forma sana. Si se cambia la forma de pensar, se puede cambiar la forma de sentir y de relacionarse de otra forma más satisfactoria para uno, para con nuestras familias y para con nuestro prójimo.

Quien bien trata es una persona que:

· Trabaja y vela por las necesidades del hogar

· Es cariñoso/a y amable

· Soluciona sus conflictos de manera pacífica

· Juega y se divierte en familia

· Ayuda con amor y tiene paciencia

· Escucha y dialoga con respeto

· Brinda alegría y sabe felicitar

· Respeta y ama la vida

· No insulta ni critica haciendo sentir que el

otro/a no vale nada

· No manipula ni chantajea

· Comparte tiempo en familia

· Se auto controla para no dañar a los demás

· Es sensible ante el dolor ajeno

· No humilla públicamente

Siempre se puede empezar de nuevo cuando hay intención de cambiar. Jesús le habló a Nicodemo y le dijo que era necesario nacer de nuevo (Juan 3:3-5). Un antes y un después… ¿será posible…?

Cada uno es responsable en la construcción del Buen Trato, es como un entramado donde todos enlazamos una red para que al entretejerla construyamos un tejido que nos abrigue y nos ampare. Que así lo podamos vivir.

Amalia Sanahuja